Entrevista a Luciana Paris, Solista del American Ballet Theater, Ciudad de Nueva York

La calidad de una artista

(Por Valeria N. Bula)

“Creo en la vulnerabilidad del ser humano, el reconocer certezas e incertidumbres, para poder bailar es muy importante conocerse a uno mismo y animarse a llegar a la honestidad interna”, expresa Luciana Paris, Solista del American Ballet Theater (ABT) y Directora de Repertorio en el ABT Studio Company de la Ciudad de Nueva York.

Delicadeza extrema, virtuosa, presencia brillante, técnica perfecta, brazos y piernas infinitas y un cuerpo privilegiado son algunas de las características que hacen de Paris, una de las mejores bailarinas argentinas. (Esta entrevista inédita fue realizada en 2017 cuando Paris vino a Buenos Aires, Argentina, para bailar en la gala de UNICEF). Luciana formada en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA) de Buenos Aires desde los nueve y ex partenaire de Julio Bocca (desde los catorce) en el Ballet Argentino, es bailarina del ABT desde hace alrededor de veinte años. Los coreógrafos que crearon coreografías exclusivamente para Paris fueron: Alexis Raimanski, Oscar Araiz, Ana María Steckelman, Alejandro Cervera y Analía Gonzalez entre otros. Los bailarines y maestros que inspiraron a esta gran bailarina argentina durante toda su carrera fueron: Alexandra Ferri, Julio Bocca, Mijail Baryshnikov, Cinthia Harvey, Julie Kent y Polina Semionova, “es que desde chiquita el que me llega, el que me puede es el bailarín que es sobre todo muy artista”.

Dos años antes de haber ingresado al Colón, a los siete, Luciana había dado sus primeros pasos con la maestra Elena Perez en un conservatorio en Villa Crespo, Buenos Aires, cerca de su casa. “Tuve la suerte de empezar ahí, yo crecí en Villa Crespo y Elena había hecho su carrera en el cuerpo de baile del Colón, ella fue mi conexión primera con ese mundo. Si bien fue un conservatorio de barrio fue algo directo porque ella ya sabía todo, era como tener una tía que estaba en el ballet del Colón y te puede dar todos los secretos y consejos y fue gracias a Elena que me preparó y me pude presentar a la escuela del Colón dos años después”. Así Luciana ingresa al ISA a los nueve años: “En el momento que yo pase por la escuela del Colón fueron maestros increíbles, todos eran fabulosos”, rememora. Al salir del ISA iba a la escuela primaria y de allí se dirigía a la Calle Talcahuano (pleno centro de Buenos Aires), la sede en ese momento de la Asociación Arte y Cultura, adonde dictaban clases los maestros Raúl Candal, Sara Rzeszotko y Katty Gallo.

Imágenes: Cortesía, Luciana Paris.

A la hora de hablar de cómo es la experiencia de trabajar en el ABT Paris expresa: “estoy muy contenta de trabajar en esta compañía porque es un lugar muy para adelante, muy tranquilo, uno maneja su propia carrera como a uno mejor le parece y al poder trabajar tranquilo es inevitable avanzar porque es como que la corriente te va llevando en una misma dirección de dar lo mejor”.

Como en toda carrera o emprendimientos en la vida se puede tener el apoyo y acompañamiento de pares y no pares: como maestros, compañeros y bailarines de la compañía: “me he sentido muy conectada y muy apoyada todos estos años. He ido a galas que iban solo principales y me invitaban a bailarlas porque la gente confiaba en mí y eso lo valoro mucho y soy consciente de que también esos son pilares muy importantes porque van abriendo puertas todo el tiempo”. La confianza de los pares, de los maestros, son llaves positivas que abren el camino del artista.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

Cuando se emprende un camino con objetivos, los apoyos y personas que te acompañan en el camino son fundamentales, de esta manera Luciana de manera indiscutida lo primero que se le viene a la mente como pilar indispensable en su carrera es Julio Bocca en su paso por el Ballet Argentino como primera figura y su partenaire con tan solo catorce años.

La bailarina llamó la atención de Bocca por lo que la invitó a bailar como su partenaire: “No podía haber pedido más: dentro de mi inconciencia de 14 años de entender con quién estaba bailando no entendía del todo lo que pasaba, él siempre me dio mucho hasta el día de hoy es un gran apoyo. Hoy en día veo videos, yo con 15 y él, 30 y hasta puedo reconocer que él se estaba descuidando por cuidarme a mí en el escenario”.

Luego de esos cuatro intensos años junto a uno de los más grandes bailarines que la Argentina ha sabido dar, a los 19 entró al cuerpo de baile del American Ballet Theater. “Y ahí fue cuando tomé plena conciencia y entendí la importancia de lo que había vivido con Julio en el Ballet Argentino: vi cómo la gente lo miraba, lo idolatraba, yo dije: ¡y yo bailé con él! Yo siempre lo entendí pero es como que el peso me cayó estando ahí, y viendo el respeto de la gente, y la adoración, y como fue él siempre de generoso conmigo”. Luciana destaca la generosidad de Julio, lo despojado que es, su entrega “Ese es un despojo que no se da mucho y esa confianza que él puso en mí, su entrega; Julio fue y es uno de los pilares grandes de mi carrera”.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

Asimismo como pilares en su vida y carrera Luciana nombra a Maxim Beloserkovsky e Irina Dvorovenko con quienes trabajó en el ABT y cuando estos dejaron la compañía el lazo siguió: “Con ellos son con los que llego a este punto de estar media hora haciendo un paso porque hay tiempo para trabajar y ellos tienen esa misma pasión por el trabajo”. Porque dentro de una compañía no se tiene el tiempo para detenerse a trabajar y pulir cada movimiento. Y dentro del ABT es fascinante escuchar y ver trabajar a Irina Kolpakova, resalta Luciana “aunque no diga mucho ya la miras, ves y aprendes. Lo mismo con Kevin McKenzie, sobretodo su trabajo con los varones, ves que llega a ese punto de profundidad que es tan apasionante”.

“Esta cuestión de que nunca se termina de aprender es muy propio del bailarín, que nunca está del todo bien, yo disfruto mucho del desmenuzar cada paso, capaz que estás media hora con dos pasos nada más pero me fui del estudio y descubrí que dos pasos se pueden hacer de 500 maneras diferentes, y puedo expresar de 1500 formas y esto es fascinante realmente porque este trabajo minucioso en estudio te da mucha libertad en el escenario”.

Parafraseando a Nietzsche (en Así habló Zaratustra) ¿hay que tener un caos interno para llevar una estrella danzarina?

Las vivencias personales junto con los objetivos de uno son muy importantes y son los que nos pueden generar un caos en orden a alcanzarlos, porque quizás no están tan cercanos. No siempre es fácil decir esto me molesta o estoy de mal humor, pero lo importante es preguntarse el porqué de este mal humor por ejemplo; ese caos interno, esas contradicciones son entonces muy importantes para el artista.

Hay algo de terapéutico que experimenta el artista en el escenario a través de esos roles porque interpela y cuestiona constantemente. Una frase o una mirada de tal o cual personaje te abre un panorama y preguntas, como cuando el terapeuta te dice una frase y te esclarece todo un universo, es algo externo que si uno está abierto se puede quebrar algo interno y ese quiebre inevitablemente tanto en tu vida profesional como personal florece para bien o para mal según en la dirección que se vaya.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

¿Cómo se prepara para cada rol?

Para prepararme en cada rol (además de que tenés que tener la técnica perfectamente trabajada e incorporada), me gusta ir al punto literario de estudio profundo de las obras, ir a la fuente. Con roles como la Dama de las Camelias o Romeo y Julieta recurro a las novelas porque te da un entendimiento más profundo de lo que vas a hacer. Estudiar lo literario es algo que no se toca mucho en la danza y disfruto mucho el tiempo en el estudio y si están creando obras sobre mí, sobre mi cuerpo, más todavía.

¿Cómo vive el encuentro entre el bailarín y el coreógrafo?

El encuentro entre bailarín y coreógrafo puede ser algo mágico y profundo adonde puede florecer la intimidad del ser en la entrega entre ambas personas, allí en el encuentro se puede dar el despojo, me ha pasado pocas veces pero cuando encontrás coreógrafos así de despojados me apasiona trabajar con ellos, allí encontrás esa humildad del dar y el decir, esto lo creée yo pero a ver como lo encontrás vos.

En este sentido, Luciana recuerda con mucha alegría su experiencia de trabajo con John Neumayer en la Dama de las Camelias cuando la bailarina bailaba Prudencia:  “Tuve la bendición de trabajar con él cara a cara y debo decir que fue una experiencia como pocas: Primero por como él sentía su obra, estábamos todos parados en ronda y él quería explicar una escena y se emocionaba”. Esto es muy valioso para un bailarín comparte Luciana porque “tener a una persona adelante que sea tan despojada de su propia obra, no solamente lo que significa para él personalmente, sino también que nos demostró en primera persona como la vive y como la quiere que la sientas”.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

En cuanto al espacio para el desarrollo de la creatividad en el bailarín Luciana considera que es infinito “porque sobre todo cuando uno empieza a repetir y repetir los pasos y coreografías hay como una suerte de comodidad y eso te da mucha libertad y es lo que te da lugar a descubrir cosas nuevas constantemente en cuanto a la técnica, en cuanto a la expresividad de las manos, de los ojos, del cuello, es infinito”.

Y también la forma de expresar por las características físicas y enfoque de cada bailarín va a ser infinito “es inevitable porque el coreógrafo muestra la coreografía pero eso puede dispararse en diferentes sentidos porque depende de las diferencias de las estructuras físicas, del expresar, no es lo mismo un cuerpo curvilíneo que un cuerpo muscular y el enfoque que cada bailarín le impregne al paso y la libertad que te dé el coreógrafo para ello por supuesto porque no todos los coreógrafos son iguales”.

La desnudez en el escenario por parte del artista y todos esos sentimientos que están en ebullición y salen para ser visibles y colorear un espacio y tiempo. Entonces “las experiencias de vida y la desnudez son muy importantes”, explica Luciana, “en mi caso cuando subo al escenario me pasa que me siento transparente y desnuda y muchas veces es muy terapéutico. Si uno tiene el valor de someterse a esta honestidad la entrega en el escenario puede ser muy sanadora y eso tiene que ver con la experiencia personal de lo que uno vivió o quiere vivir”.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

Esta carrera requiere dedicación y pasión y “requiere tanta dedicación que si uno no esta obnubilado creo que no se podría”. Al momento de la entrevista (como se explicaba antes, Luciana se encontraba para la gala de UNICEF (2017)) también dictó en Buenos Aires un seminario de técnica clásica: “En cada variación hay muchos niveles de detalles y siempre se está en la búsqueda de lo que se puede mejorar, por eso en cada clase que doy me detengo en los pasos, cada paso se puede profundizar y tiene su nivel de detalle y pensar en la música, la importancia de los brazos, los dedos”. La observación es muy importante “es toda información que yo recibo de esos maestros despojados y generosos y de la observación lo que te puede gustar pero también lo que no, es todo importante”.

“Esa posibilidad de poder ayudar es muy gratificante, se me pone la piel de gallina, desde el primer día de seminario hasta hoy (que era el tercer día de clase en el seminario) ya se vió un cambio en todas las chicas. Además de detenerse y desmenuzar el paso, “lo que a mí me gusta mucho enseñar son las sensaciones de la posición del cuerpo porque levantar la pierna alta no es lo único que importa (el cómo se levanta sí), como no es un grupo grande me tomo el tiempo de tocarles las espaldas, señalarles, hablarles, que sientan, dedicarles y explicarles una por una lo que estoy explicando”.

Imagen: Cortesía, Luciana Paris.

En el momento de dejar de bailar en una compañía a Luciana le gustaría continuar con la tarea docente porque le nace el poder transmitir a sus alumnos ese gusto por el detalle y el desmenuzar y trabajar a conciencia cada movimiento, pero también coreografiar y le gustaría estudiar psicología: “Cuando deje de bailar en los escenarios no me veo totalmente desconectada totalmente de la danza, me veo en la danza desde otro lugar quizás, por ejemplo vengo de dar las clases y siento que tengo tanto para dar y a la vez me gustaría mucho estudiar psicología, y creo que dentro del ballet hay tanta carencia de ese costado psicológico en cuanto a los problemas de peso de los bailarines y en cuanto al costado pedagógico en la danza”.

Al bailarín le pueden pasar muchas cosas internas, el bailarín tiene el llamado de la vocación a muy temprana edad, “ese autopensarse y sentirse constantemente y que se tiene que mirar todos los días a un espejo y enfrentar a personalidades desde muy chiquitos quizás que te quieren tirar abajo o sobreexigentes sin comprensión, cuando pasan estas situaciones ahí me tira mucho este costado de decir y que bueno sería poder ayudar también desde este lado pedagógico”.

¡Gracias Luciana Paris por esta entrevista! fue un encuentro muy ameno y cálido y con información muy valiosa para las presentes y próximas generaciones. ¡Muchas gracias! Dancing For Life Ballerina.

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