Visita Guiada a la Ópera Garnier

Una obra descomunal realizada con mucho amor y los mejores materiales existentes

Por Valeria N. Bula

Mientras esperamos a nuestra guía Louise, en la rotonda de los abonados, contemplamos la sala de forma silenciosa y expectante los allí presentes, en el lugar se destacan los hermosos colores de los pisos, así como las columnas de esta rotonda, sin sospechar lo que había grabado en el techo, que todavía no llamaba la atención (hasta que Louise hizo mención de ello), el arquitecto había logrado su cometido…

14.00 en punto comienza la visita guiada en Francés, éramos una veintena de personas, allí nos colocamos los audífonos/amplificadores de sonidos, que nos permitía escuchar de cerca lo que la guía iba diciendo en vivo. Nos encontrábamos en la llamada Rotonda de los abonados, y ¿por qué ese nombre? Porque allí llegarían los que tenían abonos, que valían muchísimo dinero, era inalcanzable para el público común, solos los adinerados podían costearlos. Por allí iban directo a sus palcos reservados. Lo que nadie sospecharía era que en el techo de aquel lugar, además de los signos del zodíaco esculpidos (por Louis Félix Chabaud (1824-1902)) y los arabescos en forma de vegetales se encontraba grabado el nombre del arquitecto Jean Louis Charles Garnier, fecha de inauguración 1875 y su fecha de comienzo de obra 1861. La guía nos mostró con un láser, y efectivamente allí se develaban entre medio de la maleza esculpida de vegetales, su nombre. En la reglamentación pública francesa no está permitido que el nombre del arquitecto figure en la obra pública, pero Garnier se las arregló para aparecer y dejar asentado su nombre y su trabajo. Tal es así que hoy a dicha ópera la llamen por el nombre de su arquitecto, hecho poco común. Catorce años de su vida le dedicaría Garnier a esta gran obra, en un principio se acordó siete años para terminarla, pero debido al clima de guerra y también de revolución de la época (las Comunas de París), la construcción de la Ópera no era prioridad y el dinero para la construcción tardaba en llegar. El Palais Garnier costó en dinero actual, según nos explicaba la guía, el equivalente a 300 Millones de euros.

Visita guiada en la Ópera Garnier, recorriendo las diferentes instalaciones del Palais Garnier. La visita guiada comenzó a las 14 en Francés y duró 1H40, luego de la visita uno se puede quedar a recorrer los diferentes lugares hasta la hora de cierre que es a las 17H00, la salida es por una boutique de la Ópera adonde te podés llevar un regalito muy original, hay de todo, desde vidéos, libros y esculturas, hasta ropa de danza y tutús.

De izquierda a derecha: Esperando en la Rotonda de los Abonados a que empiece la vista guiada; la cúpula adonde figura el nombre de Garnier así como las fechas de comenzada la obra e inauguración, a ver si la encuentran?; el techo de gruta debajo de las escalinatas; la Pitonisa que nos recibe; las escalinatas cual olas del mar.

Este teatro fue ordenado a construir por Napoleón III que luego de un atentado que sufriera en el Teatro de Ópera de Le Peletier, del cual él y su esposa salieron ilesos, mandó a construir un teatro adonde él y sus invitados tuvieran entrada directa a los palcos y no tener contacto con el público, para evitar este tipo de problema. Así llamó a concurso anónimo y allí ganó Charles Garnier, un arquitecto desconocido que pudo tener la chance de realizar semejante proyecto gracias a las condiciones del concurso de anonimato.

Como dijimos, en la rotonda, en círculo estaban los signos del horóscopo, pero solo basta con buscar al Sol para saber cuál es la puerta que nos dirige a la sala de entrada, el sol nos indica adonde está la luz. Pero antes hay que pasar por debajo de las grandes escalinatas, que están decoradas cuál grutas y en frente rodeada por agua (en ese entonces), una fuente y en la fuente una pitonisa. Adele d´Affry, duquesa de Castiglione Colonna (1836-1879), modeló esta Pitonisa de Delfos para el Salón de 1870, y en una de las placas dice: “ella conoció a Charles Garnier en Roma, cuando terminaba esta escultura destinada a representar la patrona de los artistas. Cautivado por la obra, Garnier le pidió al Ministro de Bellas Artes que la adquiriera, y la instaló debajo de la escalera”.  Pareciera una simbología, cual caverna de Platón.

Y allí nos disponemos a ingresar por las escaleras, creadas cual olas del mar, que nos absorbe hacia el océano, los escalones no son tan altos, esto era para que no se vean los tobillos de las damas que lucían sus mejores vestidos y joyas. Allí estaban destinadas a subir hacia la luz. Este era el exacto lugar para desfilar, para ver y ser visto desde los balcones dispuestos alrededor de la sala de entrada. Estas escaleras están inspiradas en el Gran Teatro de Burdeos. Los escalones van de cóncavos a convexos con diferentes tipos de mármoles: blanco de Sevarezza (Italia), adoptan la curvatura de la barandilla de ónix, cuyo zócalo es de mármol verde de Suecia, y los 128 balaustres, de mármol rojo antiguo. Era más importante lo que sucedía en este sector adonde las sociales se daban que la sala de espectáculo, que era una excusa para juntarse en sociedad.

                       

De izquierda a derecha: En el gran Foyer; Tutús de las hadas de la Bella Durmiente de Nureyev expuestos; los planos de la Ópera Garnier.

El gran Foyer.

En cuanto a la sala de espectáculos, Charles Garnier la diseño siguiendo la tradición de los teatros italianos: “Con forma de herradura, el patio de butacas está dominado por varias plantas de palcos y balcones, que permiten ver y ser visto”. En 1964 el techo de Marc Chagall (1887-1985) fue inaugurado y sobrepuesto sobre el de Jules Eugene Lenepveu (1819-1898). “Chagall completó el templo de los compositores de óperas y rindió homenaje a Garnier a quien también le gustaban los colores resplandecientes”.

El Palacio Garnier, construido entre 1861 y 1875 por orden del Emperador Napoleón III, pasó a la posteridad como el modelo más logrado de arquitectura teatral del siglo XIX. En lo que respecta al estilo y la estética, ninguna otra construcción puede compararse con esta obra maestra que, apenas inaugurada, se convirtió en fuente de inspiración para muchos arquitectos. Clasificado inmediatamente como monumento nacional, el edificio refleja la formidable ambición de su diseñador, que deseaba federar a los representantes más emblemáticos del arte oficial al servicio de un programa arquitectónico unitario funcional y representativo del Segundo Imperio. Además, el Palais Garnier se benefició de un estatuto especial en el proyecto de renovación de la capital sugerido en 1858 por el Barón Haussmann, porque constituía un verdadero centro urbano, al igual que Les Halles o el Palais-Royal, gracias a su ubicación en el corazón del área de negocios en Paris. La obra maestra  de Garnier, que estaba comunicada con los centros de poder, gracias a una apertura en línea recta que lo unía al Louvre, pone de manifiesto la importancia que tenía la ópera en la vida mundana y pública a finales del siglo XIX.

Y la visita guiada seguía por la Biblioteca- Museo de la Ópera, la biblioteca, fundada en 1866, alberga la memoria del teatro. En 1877 el archivero de la Ópera, Charles Nuitter, aprovechó los locales inconclusos que debían ser puestos a disposición de Napoleón III, que falleció antes de ver inaugurada la obra, se exponen las colecciones permanentes a lo largo del teatro en una galería. Al principio esta galería debía incluir los fumaderos del emperador y del público, y en su prolongación, la sala de los mariscales del Imperio. Finalmente allí Charles Garnier instaló entonces este mobiliario de biblioteca, y también vitrinas adaptadas para exponer las maquetas de los decorados, los “guignols”. Los muros de exposición de cristal, diseñados por Richard Peduzzi en 1992 presentan una selección de las obras del museo (algunas de las obras las detallaré en una siguiente entrega).

En esta oportunidad como no pudimos ver la sala de espectáculo porque había ensayo de piano, (por suerte yo había ido varias veces a ver ballet a la Ópera Garnier, varios años), pasamos a ver el Salón du Glacier:  Cuando inauguraron el Palacio Garnier, este salón no había sido terminado. A partir de 1888 los bustos de la bailarina María Taglioni, realizado por Laure Martin Coutan, y el del director de Orquesta, Francois Habeneck hecho por Francois Captier, acogían a los espectadores que iban a admirar durante el entreacto los ocho tapices tejidos colgados realizado por la famosa Fábrica de los Gobelinos, entre 1873 y 1874 y como aquí iba a estar instalado el comedor, en cada tapiz está representado con una mujer, diversos tipos de sabor.

                                     

                   

De izquierda a derecha: Detalles del Grand Foyer: Las chimeneas que eran decorativas porque ya había calefacción a gas, en el rascacielos nuevamente Garnier logra inmiscuirse entre la decoración y entonces lo vemos dorado y en el otro extremo del cielo raso, a su esposa representada.

Charles Garnier (1825-1898)

Cuando Charles Garnier inicia la construcción de la nueva Ópera, en 1861, todo París descubre el proyecto de un joven arquitecto aún desconocido para el gran público. Garnier ingresó en la Escuela de Bellas Artes en 1842 con 17 años y en 1848 ganó el prestigioso concurso Premio de Roma en arquitectura. Durante su estancia como becario en la Academia Francesa de la Villa Médicis realizó numerosos viajes de estudios por el mediterráneo. En 1861 ganó el concurso para la construcción de una nueva Ópera en París. Dedicó catorce años de su vida a la realización de esta obra maestra, uno de los pocos edificios en la historia de la arquitectura que lleva el nombre de la persona que lo diseña. Hasta entonces Garnier tenía en su haber muy pocas obras, entre ellas la restauración de la Tour Saint Jacques y la construcción de un edificio en el Boulevard de Sébastopol. Garnier que fue nombrado como miembro de la Academia de Bellas Artes en 1874, publicó tres importantes obras que pasarían a la posteridad: A travers les arts, causeries et mélanges (1869), Le theatre (1871) y Le Nouvel Ópera de Paris (1881). Al fallecer en 1898, Garnier era el arquitecto más conocido del siglo XIX, y actualmente sigue siendo uno de los más celebres del mundo.

           

                 

                    

De arriba hacia abajo: El busto de Garnier; detalles del Grand Foyer dorado, cortado a la hoja de color dorado oscuro que hace el efecto dorado, los cortinados, las columnas, todas adornadas con grandes perlas, ¿a ver si me ven en una de las fotos?; el Salón del Glaciar con uno de los tapizados de los Gobelinos; sus techos y arañas; los bustos de las bailarinas Taglioni y Sallé.

Placa en la ópera sobre el Palais Garnier

“En 1861 por orden de Napoleón III, Charles Garnier inicia la construcción de una nueva ópera, que debía situarse en el París de Hausmann de finales del segundo Imperio. El edificio inaugurado el 5 de enero de 1875 bajo el gobierno de la Tercera República, deja fascinados a sus contemporáneos por la riqueza, el eclecticismo y la audacia del programa arquitectónico y decorativo ideado por el arquitecto. Su obra maestra se impone de inmediato como el modelo de teatro a la italiana, a la vez funcional y ostentoso, el Palais Garnier sigue considerándose en la actualidad uno de los teatros más bellos del mundo. Su misión es de mantener el arte lírico y el ballet a través de la selección de obras antiguas y modernas, de los intérpretes y de los artistas encargados de los decorados, el vestuario y la presentación de los espectáculos. Gracias a su política de creación, la Ópera nacional de París, institución pública de carácter industrial y comercial desde 1994, mantiene y desarrolla un repertorio que hace de ella una de las mejores Óperas del mundo”.